domingo, 9 de diciembre de 2007

El Torcal de Antequera


Para aquellos que hayan tenido la oportunidad de introducirse en su laberíntico paisaje de rocas que se alzan en forma de torres redondas hacia el cielo abierto, sabrán muy bien a que me refiero cuando digo que este paraje natural es mágico.

El visitante, siguiendo las rutas preescritas, se introduce en otro mundo lleno de maravillas inimaginables, pero silenciosas, esculturas pétreas que forman extrañas figuras y parecen moverse tras los pasos del asombrado caminante, como queriendo cambiar el paisaje circundante para no poder encontrar la salida o la entrada.

Formas inacabadas y fantasmagóricas aguardan a las sombras murmurando, susurrando al viento viejas historias de aquellos que allí se perdieron para no volver…
El Torcal parece tan solitario y silencioso que aunque vayas acompañado de amigos, estos parecen desaparecer en las revueltas y pasillos, dejas de escucharlos, de verlos y de pronto, la única compañía que tienes son las rocas y el suelo húmedo a tus pies y sientes como si hubieras cruzado un umbral hacia otro tiempo en el que nadie visitaba ese paisaje cárstico reconocido por el hombre como el más espectacular y bello de Europa.

Entonces ves una señal en la piedra más cercana y sueltas el aire con alivio, pensando que no te has perdido y continuas silbando una cancioncilla para alejar los sentimientos de pequeñez ante la magnificencia de la Naturaleza.

El Torcal tienen una extensión aproximada de 17 km. Cuadrados, la roca caliza de que está compuesto ha sido modelada a través del tiempo por el viento y el agua, y a pesar de parecer desértico, abunda la fauna y la flora.
Fue considerado en el año 1.929 Sitio de Interés Natural y en el 1.978 Parque Natural.

Recomiendo abstenerse de visitar el Torcal con viento y lluvia, pues llueve con abundancia y puede ser peligroso; la niebla también es mala compañera en el Torcal, caminas y caminas entre estrechos pasadizos sin ver a donde vas ni reconocer nada y no es difícil perderse.

Yo he tenido la oportunidad de visitar este paraje de día y también de noche.
De noche el Torcal es otra cosa, más misterioso y extraño, caminábamos todos muy juntitos, hablando en voz baja como temiendo despertar a algún ser legendario dormido; por el rabillo del ojo, parece que se ven cosas que no existen y entre parada y parada se cuentan historias de miedo.
Sin embargo, alumbrando con nuestras linternas vimos, en más de una ocasión, cabras montesas, grandes machos con impresionantes cornamentas, descansando entre las rocas, que al ser alumbradas se quedaban quietas, observando con suspicacia a tan molestos visitantes.

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