viernes, 10 de julio de 2009

Bajo la encina protectora




Descansando en el camino bajo una gran encina, dejé que mis pensamientos volaran hacia ningún lugar, los demás, tan cansados como yo, también se dejaron atrapar por la paz que desprendía el viejo árbol y por la confortable sombra que proyectaba sobre el mullido suelo, limpio de pedruscos, era ideal para una larga y recuperadora siesta.
Respiré profundamente y los suaves olores del mundo natural me relajaron aún más, una mezcla entre romero y orégano, algo de tomillo y el mentolado pino inundaron mi olfato, mi mente y mi cuerpo. Casi oía el leve ronquido de un compañero que más predispuesto que los demás a dormir, no le dio tiempo a captar los sonidos bajo la encina.
Las ramas se movían con suavidad mecidas por la brisa caliente que las hojas se encargaban de refrescar, no lejos un pajarillo cantaba sin parar, alegre y distraído, de rama en rama, de árbol en árbol, animaba con su canto tan tórrida tarde. El piar de algún polluelo tras la llegada de sus plumíferos padres, seguro en el nido resguardado por el follaje de la encina vieja y hermosa.
Habíamos empezado temprano la jornada senderista, pero el Lorenzo apretaba más que ningún día, haciendo que sudáramos y nos bebiéramos casi toda el agua, pero aquello no nos importaba estábamos seguros de encontrar cerca una fuente de aguas frescas y cristalinas, antaño había estado en aquel polvoriento camino la fuente de agua que siempre refrescó al viajero y aún hoy en día seguía allí. Una fuente que nunca se seca, un líquido sabroso, fresco y reparador, allí llenaríamos nuestras agotadas cantimploras y nos refrescaríamos sin duda, pero ahora era el momento de la siesta merecida, bajo la encina protectora.

9 comentarios:

Selene dijo...

Me encantan las encinas. Antes tenía muchas cerca de mi casa, pero ahora las echo de menos.

Muchos besos.

Luis G. dijo...

Muy lírica descripción de ese paradisíaco lugar "bajo la encina protectora", como destacas, detallando las impresiones e imágenes que te transmitía la naturaleza.

Me gusta mucho, amiga Senderista.

Saludos.

Abi E. dijo...

Hola Senderista,

Esa encina significativa de los árboles de la peninsula, mas duros y longevo y que ademas sirve de alimento a esos ibericos de bellota.

Oye, que las bellotas estan muy buenas, por lo menos las de mi tierra.

Ademas relatas muy bien las cosas así qu el complemento ideal.

Besos

embrujo dijo...

hace tiempo ponías en tu blog que te había abandonado la inspiración,
jollín...se ve que ya te a vuelto y de que manera
una descripción casi real de las sensaciones que se siente en el campo.
FELICIDADES.

Bree dijo...

¡Ay que te gusta el campo!...ya sabes, esta noche, de campo nada...moraguita en la playa...

Julia dijo...

Hola Senderista!!!
Suena precioso tu relato y lo contaste tan bien que me parece estar ahí y sentir el calorcito y los aromas de la brisa...
Estoy de vueltas por estos senderos de blogspot (no tuve internet por un tiempo).
Si querés pasar, te espero.
Los leemos!!!.
Besossss.

Emilio Alonso Sarmiento dijo...

¡Que texto tan poético, hermosa Senderista!
Es un verdadero placer leerte.
Un abrazo,

Curro dijo...

¿Podrías indicar en las fotos el lugar al que pertenece? Es que he visto tus fotos y hay lugares que no reconozco y algún día me gustaría ir. Muchas gracias.

JLin™ dijo...

Qué curioso el otro día estab escribiendo un cuento para una amiga y use las mismas palabras del títulod el post para titular un capítulo "Bajo la encina protectora"
Los árboles son nuestros hermanos más sabios.